jueves, 21 de octubre de 2010

Tocayo


Tú que te llamas como me llamo y te apellidas como me apellido ¿cómo has hecho, dime, para sobrevivir la vida siendo llamado como a mí me llaman? ¿Cómo sientes cuando pronuncian tu nombre? ¿Sientes que es a ti a quien llaman y no a otro? O sientes que nadie te llama a ti en realidad, porque nadie sabe llamarte cómo en verdad te llamas?
¿Cómo has hecho para encajar en este mundo tan forastero si este mundo te reconoce como a mí me ha reconocido?... como ajeno al propio mundo.
Ahora bien, si acaso has encontrado tu lugar, entonces comprendo porque yo no lo he hecho tocayo...
Es que aquí no debe haber lugar para dos llamados con el mismo nombre.

lunes, 18 de octubre de 2010

Memorias del Águila Mora


Diario del Águila,
Cuarto Creciente,
Séptimo pico, novena montaña.
(Fragmento)
Sopla muy violento el viento helado sobre mis alas. Van catorce lunas desde que salí de los cerros de los Halcones. He comprendido parte del camino que debo recorrer durante mi existencia: Las águilas vamos a cambiar el destino del mundo.
El tiempo pasa voraz, ya he perdido demasiado. Me he lanzado a la búsqueda sin tregua habiéndolo sacrificado todo y a conciencia del sacrificio por venir. Pero aún así, el abismo parece infinito y la idea inicial se vuelve ínfima ante las verdaderas dimensiones de este mundo de titanes.
Llevo cuatro noches volando sin parar y no he visto aún vivientes. He visto cosas maravillosas en este camino, cosas que ningún ave del palomar siquiera podrá imaginarse jamás. Recuerdo, por ejemplo, el poniente entre los picos tiñendo todo de mil flores rosas y violetas... pero el frío en las montañas es por momentos insoportable, como la soledad. Es entonces cuando mis pensamientos regresan al palomar y recuerdo aquella paloma blanca, tan pura, tan distinta a las demás... Me pregunto si en verdad mi destino hubiese sido posible. Tantas veces dudo (...)
Veo un aletear a lo lejos, muy a lo lejos entre las nubes y la nieve. Mi visión de águila se ha agudizado. Puedo ver en la oscuridad y a la distancia con mayor precisión. Las montañas han cambiado mi plumaje, me he endurecido... pero el alma sigue tan tierna, tan vulnerable como cuando pichón.
Indudablemente es un ser vivo. Estoy buscando un maestro. Lo conocen como el Hombre-Cóndor. Me dijeron que él tiene lo que busco en este momento. Respuestas para seguir adelante. Y Fuerza para no caer... porque volver atrás, hace tiempo ya, descubrí que es imposible.
Me hecho a mi suerte una vez más.
Que el cielo me acune en cada vuelo...