jueves, 31 de mayo de 2012

De a poco, te estás yendo

Querido Papá,
Ayer te acompañé a la terminal de buses y te me adelantaste un instante.
Al verte de atrás, sólo, en esa vereda de pinocha dorada, tuve un viaje en el tiempo y se me mezclaron los años cincuenta con los otros, los que sí cuento.
Todavía fiel a tu moda. Sobretodo de paño grueso oscuro y sombrero de "Sinatra", tambaleándote como borracho por las secuelas de tu ya lejana hemiplejia.
Debes de ser el último de tu especie de caballeros.
Yo te miro, viejo querido y pienso: ¿a dónde se fue tu mundo?
Me doy cuenta de que no pertenecés acá y cada vez más cerca está esa puerta del adiós para siempre. Que este siglo veintiuno, siglo de espejos y sombras, de psicodélicas incoherencias te es tan ajeno o tal vez... tal vez tan propio. Tal vez por haber sido testigo de la transformación del mundo del amigo al del enemigo, de la confianza al de la mentira.
Tal vez es por eso que caminas tranquilo. Es que sabés que al fin y al cabo de lo único que se trata este holocausto de corazones que es el mundo, es de caminar hacia adelante.
Tal vez nada de esta mierda de megabytes tenga algún lugar en ese maletín de cuero que llevás, que alberga vaya uno a saber qué misterios. Pero al verte tambaleante, absorto, se me ocurre que sabés tanto de la vida, que ya la ves desde lejos... tal vez, desde la muerte.
Te llevé en la moto. Mi moto grande. Al llegar, hiciste tanto esfuerzo por bajarte, viejo. Pienso que tus rodillas se han flexionado tanto, que se quedaron como máquina sin fichas.
¿Cuándo empezaste a usar bastón?
Luego de bajarte con tanto esfuerzo, me dijiste como en broma: "¡Bueno!, mi último viaje en moto".
Entonces ahí parado al lado tuyo desaparecí y volví a mis cinco años. Y me vi de nuevo sentado en aquel tanque de tu moto azul. ¡Nunca volví a ver una moto tan gigante! Compré la más grande que encontré pero es de juguete al lado de tu Moto Azul. Te estoy pidiendo que vayas más rápido. La playa se extiende hermosa a lo lejos y en la carretera solo estamos los dos. ¡Yo manejo! aunque atrás estás vos sosteniendo fuertemente el manubrio y disminuyendo de a poquito para no fascinarme con la velocidad (me lo confesaste tantos años después). La moto azul... ¿donde quedó la moto azul? Que lindo estás papá. Vas sentado a mis espaldas y yo juego a que manejo. ¡Que fuerte sos Papá! invencible. Tenés los ojos encendidos.
De pronto el pelo te quedó plateado y tus ojos se volvieron de abuelo. ¿Cuándo pasó la vida viejo? ¡Que terror siento! El tiempo se devoró tu fuerza y te volvió vulnerable al viento.
Entonces te prendiste de mi brazo. Caminaste a mi lado y yo a tu ritmo y te sostuve.
Y sentí de pronto mi fuerza de hombre joven y entendí que estoy más cerca de encontrar ese hombre que fuiste. En el espejo. Más cerca de lo que está ese hombre del vos de ahora.
Y parece que esto es la vida.
Te voy viendo desaparecer a la vuelta de la esquina y tengo tanto por decirte viejo, ¡tanto por saber!
Hoy fue tu último viaje en moto.
Me siento sólo.
¿Cómo voy a convertirme en ese hombre que fuiste viejo? ¿Por dónde empiezo?
Hay tantas cosas que me faltan, tantos misterios del vivir, por preguntarte.
Ya me estás pasando el timón de tu velero y ni siquiera se lo que es el viento.
De pronto te me has ido.
De a poco te estás yendo.