martes, 5 de enero de 2010

La venganza del chimango


Lo primero es empezar como empezamos todos: con la humildad. Quien publica en un blog no sólo lo hace porque no tiene la plata o la fama o la gracia y coincidencia del destino como para editar un libro, sino también, porque carece de la autoridad académica o de la trayectoria reconocida, como para que se invierta dinero en sus ideas, por más elaboradas que éstas sean, es un precio que hay que pagar y es justo. No se gasta pólvora en chimango, porque los chimangos son como los pobres, no valen ni la bala que los atraviesa. En el mundo del comercio, no se gasta dinero en quien no demuestra que lo vale. Al menos no se gasta en quien no garantiza una retribución de más dinero, porque de eso se trata la inversión. Y es bueno que sea así. A mí me encantaría editar un libro. Que invirtieran en mi, en lo que yo pienso y que traten de venderlo. Me encantaría darles pérdida. Darles vuelta la torta. Porque a mi se me antoja opinar que no todo es inversión. Que hay más de una forma de invertir y que todas, probablemente sean igual de importantes. Porque es una inversión escuchar a un amigo. O hacer estupideces es una inversión. Equivocarse es una inversión y darle el micrófono a cualquier hijo de vecino también lo es. Por eso yo publico en un blog. Y lo seguiré haciendo después de que editen mis libros y se fundan conmigo. Porque es una forma democrática de pensar en voz alta. Porque los chimangos encontraron otra forma de estar en el plato muy distinta a la forma en la que están los patos y los pavos. Sin balas de por medio.
Este blog es de un atrevido, a su servicio. Que opina porque tiene cabeza y tiene cabeza por defecto (porque todos nacemos con una pegada al cuello, le demos el uso que le demos). Bienvenidos

1 comentario:

  1. Muy bueno lo que escribiste rodrigo, la verdad que me gusta mucho, seguí así, y dale vuelta la torta a quién sea, alguien tiene que empezar por cambiar el mundo

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