
Entonces mi alma durmió y soñando que era pájaro voló alto por sobre el mundo y observó desde un tiempo sin tiempo, la vida del hombre que habitaba. Y rió.
Del sabor de la mezcla de lágrimas y carcajadas de la infancia de aquel hombre, rió.
De no distinguir diferencias entre amar y suicidarse y suicidarse queriendo amar y renacer siempre de entre sus cenizas para de nuevo suicidarse, rió.
De las angusitas existenciales por no entender un mundo que no puede ser entendido por un pensamiento, rió.
Del hombre y su corazón de hombre rió, que al final no comprende que el dolor es el tránsito del cambio hacia lo supremo, porque sólo ardiendo, se purifican todas las cosas. Todo lo vió y rió.
Entonces mi alma despertó siendo pájaro que habitaba un hombre.
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