
Antes de vivir, como todos, vivía en la muerte.
Y en principio mi vida no estaba destinada a nacer, pero por descuido de mi padre o de mi madre tal vez, una noche de invierno (o se me antoja pensar, una tarde) mis primeras células empezaron a duplicarse en el vientre de mamá y al cabo del tiempo en que más o menos nos horneamos los homnbres, vine a ver la luz del sol y a respirar olor a tierra.
Entonces como ser acabado, viví unos dieciocho meses. Una vida de tres ciclos de nueve. Tiempo perfecto.
"Dejá nomás que este bebé pobrecito, no pasa esta noche. Lo trajeron tarde.", dijo una enfermera a otra y mi abuela que escuchó, se fue con el llanto atragantado hasta la habitación en donde mi madre resaba un rosario por enésima vez a los pies de mi cama aquella madrugada.
Me habían internado con un cuadro de pulmonía. Sentado en el balcón de mis abuelos, una tarde de invierno (otra) me empapé el pecho con saliva y enfermé buscando muerte.
Pero fue por descuido de una médica pediatra que salía ya de vacaciones que volvió por la cartera y escuchó el teléfono y pensando que era su madre atendió a la mía que le dijo que su hijo se moría y la mujer que también sería madre no quiso dejarme por muerto.
Y ahora llevo dando ya veintiseis vueltas al sol y sigo respirando olor a tierra. Por descuidos.
La mayoría del tiempo me la paso sin pensar que voy muchos años viviendo de regalo.
No me acuerdo que le muerte me dió vida y luego un poco más de tiempo y no se cuanto. He vivido incontables tardes heladas y otras tantas cosas de hombre. Por descuidos.
A veces se me olvida que la muerte, al igual que la costa para la barca que atraviesa el mar, es origen y es destino.
Y tal vez mañana o tal vez no, pero alguna vez arribo.
Y se me da por pensar que por alguna razón, otro día siento frío y hambre y llanto y respiro y siento de pronto una estúpida alegría y agradezco... que agradezco? Agradezco hasta el dolor de quebrarme los huesos.
A veces se me olvida... pero otras, escojo un libro, cualqueira, al azar: gordo, delgado, en español, portugués o italiano. Y leo la última frase, si la entiendo o la última palabra y pierdo tiempo contemplando el punto final. Y se me ocurre que es el signo que más sentido le da al libro. Porque le da unidad, tal vez coherencia.
Lo convierte en una obra acabada y en su finitud, a su vez, eterna.
Entonces se me ocurre pensar que el sentido de la vida está en que hay muerte. Seguro hay muerte.
Atrás y adelante hay muerte
y ahora hay vida.
Pa... què loco... está fascinante el relato... y da para pensar mucho pero mucho. Y qué forma de sentir y entender el punto final! Claro... ese punto final que da sentido a toda una existencia y que varios nos esmeramos porque valga la pena, que no sea un punto más, que no sea un punto que quizá algunos entiendan como una coma o parte de unos puntos suspensivos... yo quiero un buen punto, ese que es origen y destino, que es perfecto como es. Deberíamos estar más acostumbrados a hablar de la muerte, estaría bueno poder hablarlo con naturalidad, porque es como dicen por ahí: cada día que vivo es un día que me está regalando la muerte. Linda forma de agradecer y celebrar nuestros días en esta existencia. Me encantó che. Besote amigo!
ResponderEliminar