miércoles, 12 de diciembre de 2012
Galileo Galilei
Si será relativo esto del universo... si será en vano que mataron a Galileo. A veces el mundo gira al rededor del sol y a veces al rededor de mi mismo.
viernes, 27 de julio de 2012
A veces vuelas
A veces vuelas, con ese volar incomprensible.
Vedette del mundo de las flores
y los honguitos de colores.
Amiga de todos los seres,
Amor imposible de los árboles
y de las plantas de humedal.
Tus ojos no conocen rencores,
tus alas no destiñen mala sangre.
Naciste tocada por el milagro de los ángeles.
A veces pienso que no te comprendo simplemente,
porque no hablas el idioma de los hombres.
A veces creo que no me comprendes tan sólo,
porque no entiendes palabra de los imbéciles.
Revoloteas a mi alrededor...
¿Serás tanto, tan inalcanzable, que hasta teniéndote
me eres tan ajena?
¿Será que nací ciego a tu belleza,
tan necio a tus encantos?
A veces vuelas con ese volar incomprensible
y mi corazón -tan bruto siempre-
mira hacia otro lado.
A veces miras con esa mirada trsite
y mis ojos negligentes
ensordecen al llamado.
Pero a veces te siento con todos mis sentires.
Y tus alas de colores me abrazan,
me calman, me protegen.
Caigo a tu abrigo y ella te agradece,
a escondidas de mi bestia, te agradece.
Por siempre y para siempre
a pesar de mi ceguera,
Mi alma es tuya
y te ama
y te agradece.
Vedette del mundo de las flores
y los honguitos de colores.
Amiga de todos los seres,
Amor imposible de los árboles
y de las plantas de humedal.
Tus ojos no conocen rencores,
tus alas no destiñen mala sangre.
Naciste tocada por el milagro de los ángeles.
A veces pienso que no te comprendo simplemente,
porque no hablas el idioma de los hombres.
A veces creo que no me comprendes tan sólo,
porque no entiendes palabra de los imbéciles.
Revoloteas a mi alrededor...
¿Serás tanto, tan inalcanzable, que hasta teniéndote
me eres tan ajena?
¿Será que nací ciego a tu belleza,
tan necio a tus encantos?
A veces vuelas con ese volar incomprensible
y mi corazón -tan bruto siempre-
mira hacia otro lado.
A veces miras con esa mirada trsite
y mis ojos negligentes
ensordecen al llamado.
Pero a veces te siento con todos mis sentires.
Y tus alas de colores me abrazan,
me calman, me protegen.
Caigo a tu abrigo y ella te agradece,
a escondidas de mi bestia, te agradece.
Por siempre y para siempre
Mi alma es tuya
y te ama
y te agradece.
domingo, 15 de julio de 2012
Historia del Pájaro Triste

Existía a los pies de un cerro gigante un palomar en medio de arbustos, donde habitaban los Hombres-Palomas y otras especies de HOMBRES-PÁJAROS. Los vecinos inmediatos eran los Hombres-Loros, luego los Gorriones hábiles recolectores de frutas, los Teros, gruñones y celosos. Más allá, cerca del lago habitaban los Hombres-Patos y los Hombres-Garzas y en lo alto del cerro padre, donde no volaba otro ave, reinaban sabios y grandes, los Hombres-Halcones. Cada quién en su lugar de la tierra, cada quien en su trozo de cielo. En aquel palomar desbordado de hijos de todos, comía entre hermanos de cuna, el pájaro triste. Ave grande de especie dudosa, de plumas mustias y mirada opaca. De alas moradas como las palomas pero largas como las de las Garzas. De todos los hijos el único huérfano sin raíces. Sólo se sabía de aquella criatura lo que alcanzó a balbucear su madre, la paloma Blanca en medio de su agonía: "Cuiden de éste, ahora mi hijo, regalo del cielo".
Pero el tiempo había pasado y el pájaro triste era una sombra. Idéntico a nadie, igual a ninguno. Único. Sólo.
En las noches, cuando las aves dormían, el pájaro triste conversaba con el cielo por entre las ramas de los arbustos bajos y se veía volando alto tan alto como ninguna paloma, como ningún otro ave. Porque escuchaba del cielo palabras y veía en él dibujada su alma.
Una vez, sin anuncios ni sorpresas, arribó al palomar una vieja paloma mensajera. Aquel respetado maestro, volvía a su lugar de origen luego de haber viajado por los caminos del cielo y de la vida. En medio de halagos y alegrías, reunido con las aves más sabias del palomar que le recibían con honores, vió que a lo lejos lo observaba fijo una mirada interrogativa. Reparó que aquellos ojos eran como brazas entre cenizas que guardan fuego muriendo de a poco pero tal vez aún podían, con un poco de viento, arder en llama. - Tal vez será -pensaría aquel maestro- que hasta no encenderse, las almas no manifiestan la magnitud de su hoguera.
Quiso el destino o el misterio de aquel mago que nadie comprendía por qué buscaba conversar siempre con los más desgraciados, se cruzara con el pájaro triste días después y entablara con él primero una breve conversación y como se hacen todas las relaciones, con palabras y tiempo se forjara una amistad, como de maestro y discípulo que prosperó con el correr de los meses. A veces en la tarde o por las mañanas se encontraban entre mandados, paseos o tareas. A veces recolectando, otras cazando o recorriendo, el maestro hablaba de diversos temas, de cien anécdotas, de mil historias. Enseñaba contando y a veces también escuchaba en atento silencio, como si las palabras pasaran a través de él y a su alrededor danzaran.
Un día, luego de una tarde corriente como tantas de aquel palomar, dijo sin más: - ¿Qué es lo que más deseas? Honestamente, libre de otras voluntades, de los prejuicios, de los miedos y las dudas... ¿que és lo que más deseas, pájaro triste?
Atónito por un instante, aquél contestó como si la respuesta le saliera del alma y no del cerebro:
- Volar, maestro.
- ¿Volar?
- Volar... pero no se a dónde ni a qué. Es sólo un deseo estúpido e insistente.
- Si los deseos son insistentes probablemente no son estúpidos ¿verdad?. Si quieres volar vuela ALTO, dijo el maestro. Se que buscas muchas cosas pájaro triste... Pero sospecho que no hay forma de encontrarlas aquí en el suelo.
- Pero maestro, usted sabe que no podemos volar más alto de lo que nos permite nuestra propia naturaleza. Las palomas no estamos creadas para volar tanto, sólo los halcones llegan hasta la cima del cerro y más allá y logran ver el sol poniéndose en ese lago infinito.
- ¿Y acaso sabes tú pájaro triste, si no eres un Hombre-Halcón?
- Es imposible Maestro. Nunca he visto un Halcón, es cierto. Pero no lo creo.
- Yo he sido paloma mensajera y conozco mis límites. Sé hasta dónde me permite llegar el cielo y agradezco haber podido probar mi voluntad. Pero para conocer mis límites tuve que llegar hasta ellos y no suponerlos. Voy a contarte una historia Pájaro triste:
Conocí una vez un hombre-paloma que sentía la necesidad de volar, no tanto con altura, pero sí la distancia más larga imaginable por un ave. Lo llamaban Gota de agua, porque era una paloma azul. Una vez se animó a volar y salió del palomar y voló por encima de mil árboles y de campos y de cerros y de lagos. Y descubrió que no era una paloma. Era una especie para nosotros muy extraña llamada Hombre-Golondrina. Probablemente tuvo que probar su resistencia y sufrir... sufrir mucho de verdad. Sufrir más aún que lo que sufría sintiendo la incertidumbre de no conocerse a sí mismo. Pero logró la tarea más sagrada de todo hombre-pájaro: volar todo lo que permitan las alas.
- ¿Quiere decir maestro, que puedo volar mil cerros y mil lagos?. - No pájaro triste, quiero decir que tal vez hayas nacido para volar aún más...
El sol moría y el maestro se retiró a descansar, como lo hacía todas las tardes. El Pájaro triste quedó contemplando el fuego del horizonte y pensando. Pensando.
Pasaron días en que no se supo nada del ave. Algunos se preocuparon y preguntaron donde podía estar. Pero el maestro sabía que estaba preparando el alma en algún lugar. Como todos los seres antes de dar el paso más importante, el pájaro triste necesitó de soledad. Cuando volvió no se sabe de donde ni de hacer qué, el maestro vio que ya no era aquella ave. Lo vio brillar como brilla el fénix antes de morir y convertirse en algo nuevo. Se despidió de los allegados, dejó algunas pertenencias y antes de volar en dirección al cerro miró al maestro y como si conversaran con los ojos y se despidieron con un gesto silencioso.
Así fue el pájaro triste desplegó por primera vez sus alas enormes y emprendió vuelo levantando polvo del suelo hasta la copa de los árboles. Voló por encima de los arbustos bajos y pasó de un palomar a otro hasta encontrar altura. Rozó las copas de los eucaliptus gigantes y siguió subiendo en dirección al cielo.
Las palomas que lo veían subir exclamaban: - ¡Está loco! ¡Va a morir!
El pájaro triste buscó ver la luz dorada del sol que nacía por detrás del cerro y siguió subiendo hacia la cima. Las aves del palomar no podían creer que aquel ave triste, pudiera volar tan alto.
La cima del cerro comenzaba a hacerse nítida poco a poco y se sintió cansado de agitar las alas. Planeó unos instantes mirando hacia el palomar y vio por primera vez desde tanta altura, que distaba lo mismo la cima que los pies de aquel cerro padre. Le faltó el aire, flaqueó... decidió volver... pero sus alas no obedecieron y no dejaron de moverse. Con una insistencia ciega, siguió el pájaro triste volando hacia la cima y sintiendo morir, llegó... El tiempo se hizo un instante... eterno, silencioso. Levemente por encima del cerro vio del otro lado la extensión de manto verde que ocultaba mil palomares diminutos hasta el final de la tierra y el comienzo del mar... Así quedó suspendido en el aire sintiendo las alas arder por dentro un poco de vida otro poco de muerte... Entonces cayó desmayado y quedó tendido sobre alguna parte la cima.
Cuando despertó iba en el aire... Las gigantes aves negras lo llevaban atado boca abajo.
- ¿A dónde me llevan? ¿Qué es lo que hacen?
- ¡Silencio! Serás juzgado por el Halcón Consejero. Nadie había llegado nunca a nuestro cielo con tal imprudencia.
Entraron volando a una especie de caverna en uno de los vericuetos rocosos del cerro y atado por las patas y las alas, lo lanzaron al suelo.
- ¿Qué es lo que haces aquí? Este es nuestro terreno, ¿Qué ave eres? Vienes del palomar, ¿Eres una simple paloma? ¿Cómo llegaste hasta aquí?
El pájaro no supo qué contestar ante la hostilidad de los halcones.
- ¡Silencio!, sentenció un viejo ave de plumas grises. Aquel animal inmenso llegó caminando hasta el ave triste.
- Pido perdón por haber llegado sin permiso... pero quiero saber si soy un Hombre-Halcón, dijo el pájaro trsite. Los demás Halcones rieron, otros murmuraron: - Este ave está loco.
El anciano lo analizó pluma a pluma y habló con mucha calma.
- Lamento decirte muchacho que tu lugar no está entre nosotros… tú no eres un Hombre-Halcón.
La desesperanza se apoderó del ave trsite y aquel anciano vio en su mirada apagada la angustia de la incertidumbre... la desazón de la duda existencial que lo aquejaba... Entonces el viejo y sabio halcón le preguntó: ¿Qué es lo que te aflige?
Cabizbajo el pájaro triste, contó al viejo Halcón su historia, sus misterios, su solitaria infancia, los consejos de su maestro y su llegada a la cima. Le refirió con detalle las noches en las que se perdía mirando el cielo y su agonía por sentir que no era parte del aquel palomar al que le agradecía su vida... pero en el que no encajaba...
- Volé hasta aquí sintiendo que podía... volé pensando en que era uno de ustedes...
Entonces el anciano, que mucho había viajado por los cielos del mundo le dijo:
- Pájaro triste. ¿En verdad no sabes que ave eres? Tu no perteneces a los cerros, porque los cerros son de los Halcones. Tampoco perteneces al palomar, porque el palomar pertenece a las palomas y de los animales de vuelo corto y llano... Tu morada queda más allá del lago y del lago después del lago. Más allá de mil cerros como éste y otros mayores. Más allá de la llanura verde donde sopla el viento helado. Donde ningún otro ave puede llegar, ahí está tu morada. En un cerro tan gigante como cien cerros padres al que llaman la gran Montaña.
Pájaro triste, tú eres un Águila.
miércoles, 20 de junio de 2012
Punta del Este descubierta.
Sopla el
viento.
El susurro viaja
helado desde el sur corriendo gentes y tu cara se descubre.
Lentamente
el hielo cobra tierra y el silencio hace eco en las ventanas desoladas.
Ya nadie
está y de a poco... el recuerdo te apresa.
Prostituta,
mujerzuela que busca ahogar con perlas el
amor que ya no es.
El vicio y el desdén adornan tu cabellera.
Disfrazada
de lujos. Atestada de marcas y arrogancia, invadida por todas las manos que te
toquetean. Lacaya del Carapálida.
Nunca más el
capricho intrépido de los médanos hurgando secretos en el mar. Ahora te
distraen los turistas.
¿Qué busca
tu nariz? ¿El íntimo lamento de El Arco de los indios mudos?
Callados a la fuerza.
Llega el invierno y resuenan en tus alhajas de hormigón, los tambores que se fueron hace
siglos. Ay Santa María… virgen niña. Tanto te han violado.
Hoy tu
santuario es un casino. Ya nadie recuerda ni tu rostro ni tus nombres... te llamas
como quieran. Han llenado tu silueta de cemento e hipocresía.
Pero entonces…
en el frío nadie mira, el viento desvanece las huellas invasoras y tu rostro se descubre.
Y eres antes
que Santa María o Ituzaingó.
Eres mucho
antes en el corazón del hombre que te vio por vez primera. Punta del este que busca
el sur como sí allí se encontrara memorias de quien ya fue olvidado.
Mujer, aquel
hombre ya no está… Y tu rostro no es este, como tampoco es el río de
la plata ni del oro.
En cada grano de arena, en cada caricia del mar, eres niña enamorada.
Frágil,
ingenua, virgen, Por los siglos de los siglos… intacta, charrúa hasta los huesos.
jueves, 31 de mayo de 2012
De a poco, te estás yendo
Querido Papá,
Ayer te acompañé a la terminal de buses y te me adelantaste un instante.
Al verte de atrás, sólo, en esa vereda de pinocha dorada, tuve un viaje en el tiempo y se me mezclaron los años cincuenta con los otros, los que sí cuento.
Todavía fiel a tu moda. Sobretodo de paño grueso oscuro y sombrero de "Sinatra", tambaleándote como borracho por las secuelas de tu ya lejana hemiplejia.
Debes de ser el último de tu especie de caballeros.
Yo te miro, viejo querido y pienso: ¿a dónde se fue tu mundo?
Me doy cuenta de que no pertenecés acá y cada vez más cerca está esa puerta del adiós para siempre. Que este siglo veintiuno, siglo de espejos y sombras, de psicodélicas incoherencias te es tan ajeno o tal vez... tal vez tan propio. Tal vez por haber sido testigo de la transformación del mundo del amigo al del enemigo, de la confianza al de la mentira.
Tal vez es por eso que caminas tranquilo. Es que sabés que al fin y al cabo de lo único que se trata este holocausto de corazones que es el mundo, es de caminar hacia adelante.
Tal vez nada de esta mierda de megabytes tenga algún lugar en ese maletín de cuero que llevás, que alberga vaya uno a saber qué misterios. Pero al verte tambaleante, absorto, se me ocurre que sabés tanto de la vida, que ya la ves desde lejos... tal vez, desde la muerte.
Te llevé en la moto. Mi moto grande. Al llegar, hiciste tanto esfuerzo por bajarte, viejo. Pienso que tus rodillas se han flexionado tanto, que se quedaron como máquina sin fichas.
¿Cuándo empezaste a usar bastón?
Luego de bajarte con tanto esfuerzo, me dijiste como en broma: "¡Bueno!, mi último viaje en moto".
Entonces ahí parado al lado tuyo desaparecí y volví a mis cinco años. Y me vi de nuevo sentado en aquel tanque de tu moto azul. ¡Nunca volví a ver una moto tan gigante! Compré la más grande que encontré pero es de juguete al lado de tu Moto Azul. Te estoy pidiendo que vayas más rápido. La playa se extiende hermosa a lo lejos y en la carretera solo estamos los dos. ¡Yo manejo! aunque atrás estás vos sosteniendo fuertemente el manubrio y disminuyendo de a poquito para no fascinarme con la velocidad (me lo confesaste tantos años después). La moto azul... ¿donde quedó la moto azul? Que lindo estás papá. Vas sentado a mis espaldas y yo juego a que manejo. ¡Que fuerte sos Papá! invencible. Tenés los ojos encendidos.
De pronto el pelo te quedó plateado y tus ojos se volvieron de abuelo. ¿Cuándo pasó la vida viejo? ¡Que terror siento! El tiempo se devoró tu fuerza y te volvió vulnerable al viento.
Entonces te prendiste de mi brazo. Caminaste a mi lado y yo a tu ritmo y te sostuve.
Y sentí de pronto mi fuerza de hombre joven y entendí que estoy más cerca de encontrar ese hombre que fuiste. En el espejo. Más cerca de lo que está ese hombre del vos de ahora.
Y parece que esto es la vida.
Te voy viendo desaparecer a la vuelta de la esquina y tengo tanto por decirte viejo, ¡tanto por saber!
Hoy fue tu último viaje en moto.
Me siento sólo.
¿Cómo voy a convertirme en ese hombre que fuiste viejo? ¿Por dónde empiezo?
Hay tantas cosas que me faltan, tantos misterios del vivir, por preguntarte.
Ya me estás pasando el timón de tu velero y ni siquiera se lo que es el viento.
De pronto te me has ido.
De a poco te estás yendo.
Ayer te acompañé a la terminal de buses y te me adelantaste un instante.
Al verte de atrás, sólo, en esa vereda de pinocha dorada, tuve un viaje en el tiempo y se me mezclaron los años cincuenta con los otros, los que sí cuento.
Todavía fiel a tu moda. Sobretodo de paño grueso oscuro y sombrero de "Sinatra", tambaleándote como borracho por las secuelas de tu ya lejana hemiplejia.
Debes de ser el último de tu especie de caballeros.
Yo te miro, viejo querido y pienso: ¿a dónde se fue tu mundo?
Me doy cuenta de que no pertenecés acá y cada vez más cerca está esa puerta del adiós para siempre. Que este siglo veintiuno, siglo de espejos y sombras, de psicodélicas incoherencias te es tan ajeno o tal vez... tal vez tan propio. Tal vez por haber sido testigo de la transformación del mundo del amigo al del enemigo, de la confianza al de la mentira.
Tal vez es por eso que caminas tranquilo. Es que sabés que al fin y al cabo de lo único que se trata este holocausto de corazones que es el mundo, es de caminar hacia adelante.
Tal vez nada de esta mierda de megabytes tenga algún lugar en ese maletín de cuero que llevás, que alberga vaya uno a saber qué misterios. Pero al verte tambaleante, absorto, se me ocurre que sabés tanto de la vida, que ya la ves desde lejos... tal vez, desde la muerte.
Te llevé en la moto. Mi moto grande. Al llegar, hiciste tanto esfuerzo por bajarte, viejo. Pienso que tus rodillas se han flexionado tanto, que se quedaron como máquina sin fichas.
¿Cuándo empezaste a usar bastón?
Luego de bajarte con tanto esfuerzo, me dijiste como en broma: "¡Bueno!, mi último viaje en moto".
Entonces ahí parado al lado tuyo desaparecí y volví a mis cinco años. Y me vi de nuevo sentado en aquel tanque de tu moto azul. ¡Nunca volví a ver una moto tan gigante! Compré la más grande que encontré pero es de juguete al lado de tu Moto Azul. Te estoy pidiendo que vayas más rápido. La playa se extiende hermosa a lo lejos y en la carretera solo estamos los dos. ¡Yo manejo! aunque atrás estás vos sosteniendo fuertemente el manubrio y disminuyendo de a poquito para no fascinarme con la velocidad (me lo confesaste tantos años después). La moto azul... ¿donde quedó la moto azul? Que lindo estás papá. Vas sentado a mis espaldas y yo juego a que manejo. ¡Que fuerte sos Papá! invencible. Tenés los ojos encendidos.
De pronto el pelo te quedó plateado y tus ojos se volvieron de abuelo. ¿Cuándo pasó la vida viejo? ¡Que terror siento! El tiempo se devoró tu fuerza y te volvió vulnerable al viento.
Entonces te prendiste de mi brazo. Caminaste a mi lado y yo a tu ritmo y te sostuve.
Y sentí de pronto mi fuerza de hombre joven y entendí que estoy más cerca de encontrar ese hombre que fuiste. En el espejo. Más cerca de lo que está ese hombre del vos de ahora.
Y parece que esto es la vida.
Te voy viendo desaparecer a la vuelta de la esquina y tengo tanto por decirte viejo, ¡tanto por saber!
Hoy fue tu último viaje en moto.
Me siento sólo.
¿Cómo voy a convertirme en ese hombre que fuiste viejo? ¿Por dónde empiezo?
Hay tantas cosas que me faltan, tantos misterios del vivir, por preguntarte.
Ya me estás pasando el timón de tu velero y ni siquiera se lo que es el viento.
De pronto te me has ido.
De a poco te estás yendo.
martes, 3 de abril de 2012
Relatos de mi padre III - Democracia
Yo estaba ofuscado, no me acuerdo bien por qué. Seguramente por algo que laceraba mi defendible idea de justicia social, y ofendía mis derechos de ciudadano del mundo de los pedos de colores.
Puta madre, viejo, te das cuenta? menos mal que estamos en democracia!!
Entonces el viejo suavecito me descubrió la pólvora.
Mirá mijo, en la democracia todos los hombres somos iguales. Pero algunos son más iguales que otros.
Ortografía
Escriban esta palabra en el pizarrón, a ver levantando la mano. Uno de los valientes se levantó y escribió: Trasuman T*.
Bueno, ¿cual será el significado de esta palabra muchachos? ¿Les parece que está bien escrita?
¿Y que importa si está bien escrita? igual usted la entiende ¿o no?
Yo escribo lo que escucho.
Esta palabra lleva una hache en medio, dijo el profesor.
A bueno. El alumno que estaba en el pizarrón, borró y corrigió: "Thrasuman T".
Al perder la noción de la ortografía, perdemos el eslabón al origen. Escribir mal es un atentado contra la historia humana.
*Trashumante - De ir tras el humus, tras la tierra fértil. El ser humano fue trashumante durante miles de años. A través de la invención de la agricultura, pudo establecerse en un mismo lugar permitiendo en gran parte la evolución social.
martes, 14 de febrero de 2012
Relatos de mi Padre II
(EL CAMINO DEL FÉNIX)
Como hiciste viejo?
Papá andaba en sus vueltas revolviendo algún papel. Me miró como si le preguntara algo de todos los días.
De chico sabía que no se podía preguntar. Nadie me había dicho que sí o que no, lo intuía. También sabía que si despertaba al viejo en la mañana o en la siesta lo tenía que hacer con cuidado para que no se sobresaltara, como nos despertaba él, con un masajesito suave en la espalda y la taza de café con leche deliciosamente humeante en la nariz.
Son secuelas, me decía mamá. Papá tiene secuelas de la cárcel.
Al viejo lo guardaron nueve años preso en la dictadura uruguaya y otros tantos de tortura como muchos. También como muchos la sacó barata y vivió para contarla. Aunque nunca le escuché contar nada sobre eso. Más bien un gran enigma, un gran abismo. A lo sumo en alguna reunión de viejos amigos, le oí decir “que habían sido bañados en las mismas aguas” o que “se habían alojado por cuenta del Estado en el Liberty City” pues así se llama paradójicamente aquel penal en el que penó mi viejo casi una década: “Libertad”.
Estando solos, compartiendo una cerveza, otra vuelta me contó que la primera luego de la prisión, la tuvo en frente más de una hora antes de llevársela a la boca, que había sido la cerveza más larga de su vida porque demoró en probarla nueve años y unos meses y unos días y otra hora. Y que durante el primer paseo por Montevideo, sintió que había viajado en el tiempo hacia el futuro. Los autos, las gentes, las modas, las costumbres, todo era tan distinto.
De niño al viejo lo veía gigante y de grande más aún… por morir tantas vidas en una… por nacer tantas vidas en una...
Cómo hiciste viejo?... Le pregunté un día.
“Mirá mijo, no me pasó a mí, le pasó a otro. Fue en otra vida”.
Durante la prisión, el único libro que no le quemaron y le permitieron tener fue una copia ajada de la biblia.
Papá no era muy creyente. “Examinadlo todo y retened lo bueno”, me dijo.
Será por eso que papá habla tan poco de la prisión, o de la muerte prematura de sus padres, o de sus fracasos matrimoniales, o de dolores o de miedos. Porque en sus ojos curtidos, sigue habiendo un fuego que mira a la vida de frente y le dice: “No me doy por vencido y de todo, sólo lo bueno se viene conmigo”.
Será por eso.
Como hiciste viejo?
Papá andaba en sus vueltas revolviendo algún papel. Me miró como si le preguntara algo de todos los días.
De chico sabía que no se podía preguntar. Nadie me había dicho que sí o que no, lo intuía. También sabía que si despertaba al viejo en la mañana o en la siesta lo tenía que hacer con cuidado para que no se sobresaltara, como nos despertaba él, con un masajesito suave en la espalda y la taza de café con leche deliciosamente humeante en la nariz.
Son secuelas, me decía mamá. Papá tiene secuelas de la cárcel.
Al viejo lo guardaron nueve años preso en la dictadura uruguaya y otros tantos de tortura como muchos. También como muchos la sacó barata y vivió para contarla. Aunque nunca le escuché contar nada sobre eso. Más bien un gran enigma, un gran abismo. A lo sumo en alguna reunión de viejos amigos, le oí decir “que habían sido bañados en las mismas aguas” o que “se habían alojado por cuenta del Estado en el Liberty City” pues así se llama paradójicamente aquel penal en el que penó mi viejo casi una década: “Libertad”.
Estando solos, compartiendo una cerveza, otra vuelta me contó que la primera luego de la prisión, la tuvo en frente más de una hora antes de llevársela a la boca, que había sido la cerveza más larga de su vida porque demoró en probarla nueve años y unos meses y unos días y otra hora. Y que durante el primer paseo por Montevideo, sintió que había viajado en el tiempo hacia el futuro. Los autos, las gentes, las modas, las costumbres, todo era tan distinto.
De niño al viejo lo veía gigante y de grande más aún… por morir tantas vidas en una… por nacer tantas vidas en una...
Cómo hiciste viejo?... Le pregunté un día.
“Mirá mijo, no me pasó a mí, le pasó a otro. Fue en otra vida”.
Durante la prisión, el único libro que no le quemaron y le permitieron tener fue una copia ajada de la biblia.
Papá no era muy creyente. “Examinadlo todo y retened lo bueno”, me dijo.
Será por eso que papá habla tan poco de la prisión, o de la muerte prematura de sus padres, o de sus fracasos matrimoniales, o de dolores o de miedos. Porque en sus ojos curtidos, sigue habiendo un fuego que mira a la vida de frente y le dice: “No me doy por vencido y de todo, sólo lo bueno se viene conmigo”.
Será por eso.
lunes, 30 de enero de 2012
Perros
Si algo aprendí de mi perro, es que cuando uno quiere algo que está enterrado, debe escarbar hondo para encontrarlo.
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