(EL CAMINO DEL FÉNIX)
Como hiciste viejo?
Papá andaba en sus vueltas revolviendo algún papel. Me miró como si le preguntara algo de todos los días.
De chico sabía que no se podía preguntar. Nadie me había dicho que sí o que no, lo intuía. También sabía que si despertaba al viejo en la mañana o en la siesta lo tenía que hacer con cuidado para que no se sobresaltara, como nos despertaba él, con un masajesito suave en la espalda y la taza de café con leche deliciosamente humeante en la nariz.
Son secuelas, me decía mamá. Papá tiene secuelas de la cárcel.
Al viejo lo guardaron nueve años preso en la dictadura uruguaya y otros tantos de tortura como muchos. También como muchos la sacó barata y vivió para contarla. Aunque nunca le escuché contar nada sobre eso. Más bien un gran enigma, un gran abismo.
A lo sumo en alguna reunión de viejos amigos, le oí decir “que habían sido bañados en las mismas aguas” o que “se habían alojado por cuenta del Estado en el Liberty City” pues así se llama paradójicamente aquel penal en el que penó mi viejo casi una década: “Libertad”.
Estando solos, compartiendo una cerveza, otra vuelta me contó que la primera luego de la prisión, la tuvo en frente más de una hora antes de llevársela a la boca, que había sido la cerveza más larga de su vida porque demoró en probarla nueve años y unos meses y unos días y otra hora. Y que durante el primer paseo por Montevideo, sintió que había viajado en el tiempo hacia el futuro. Los autos, las gentes, las modas, las costumbres, todo era tan distinto.
De niño al viejo lo veía gigante y de grande más aún… por morir tantas vidas en una… por nacer tantas vidas en una...
Cómo hiciste viejo?... Le pregunté un día.
“Mirá mijo, no me pasó a mí, le pasó a otro. Fue en otra vida”.
Durante la prisión, el único libro que no le quemaron y le permitieron tener fue una copia ajada de la biblia.
Papá no era muy creyente.
“Examinadlo todo y retened lo bueno”, me dijo.
Será por eso que papá habla tan poco de la prisión, o de la muerte prematura de sus padres, o de sus fracasos matrimoniales, o de dolores o de miedos.
Porque en sus ojos curtidos, sigue habiendo un fuego que mira a la vida de frente y le dice:
“No me doy por vencido y de todo, sólo lo bueno se viene conmigo”.
Será por eso.
martes, 14 de febrero de 2012
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Que fuerte y conmovedor este breve relato. Si dará para ahondar en estos abismos... o como bien llamaste a tu blog, introducciones a varios abismos, no? En algunos se podrá escarbar, como los perros, y en otros se sobrevolará. Y es así, seguramente, somos uno y el mismo con el paso del tiempo, pero a su vez somos otros. Tantas cosas vivimos en esta vida que parece mucho para una vida sola... y esto último sonó a letra de tango... chan chan!
ResponderEliminarChan chan!!! El tango es filosofía también amiga ;) Gracias por comentar!
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