"Había una vez un niño felíz, al que habían obligado a tocar el violín.
A él no le interesaba, no lo quería, pero lo aceptó. Era un buen hijo.
Un día se animó a decir que no le gustaba y tuvo la suerte de que sus padres lo escucharan. Y decidieron vender el instrumento.
Tiempo después, continuaba siendo un niño felíz.
Sin violín.
Me contaron que había una niña cuyo mayor deseo era, un día, llegar a tener un violín en sus manos. Nadie sabía bien porqué. Ella tampoco.
Soñaba con su brillo, con su sonido incomprensible. Con su olor.
Un buen día, cayó en sus manos un violín, e inmediatamente comenzó a tocar.
¡Podía!
Consiguió que le enserñaran y tocó siempre, muy feliz.
Mucho tiempo después seguía siendo una mujer feliz.
Con violín.
En cambio conocí a dos hermanos. Eran muy parecidos, casi de la misma edad.
Venían de una familia razonablemente musical.
Uno no sabía si le importaba o no la música. El otro tampoco.
A los dos les fue dada una enseñanza musical que, casualmente, recayó en el violín. Uno disfrutó. Y nunca se preguntó porqué. El otro sufrió. Y tampoco se lo interrogó.
Nadie entendía bien las diferencias. Los test habituales, decían que ambos tenían sentido del ritmo, un oído mejor que el promedio, y dos manos normalmente hábiles. Y los dos, finalmente, se dedicaron a la música.
Hoy son dos hombres muy distintos.
Uno continúa siendo felíz.
El otro continúa siendo infeliz.
Con violín." --
Extraído del libro "El otro violín" -
Método de enseñanza del
Violinista uruguayo Mtro. JORGE RISI.
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