lunes, 28 de junio de 2010

Historias de Cuatro Cuerdas II



Tributo a mi amiga fiel...

Contaba 16 años cuando el destino me la puso en las manos. La situación y el momento exactos, es algo que prefiero guardarme para mí.
Hasta antes de ese tiempo no tenía idea de que existía, ignoraba lo que era. Conocía otros intrumentos, como el violín o el violoncello, incluso el Contrabajo. Pero no la conocía a ella. Por ese entonces, en mi ranking personal de posibles vocaciones, la de "Violista" estaba más o menos entre Astronauta y Sacerdote. No sólo no me interesaba para nada sino que no me hubiese imaginado nunca recorriéndola con mis dedos. En el momento que la conocí mi vida tuvo un cambio brusco, radical. Su aparición marcó un punto angular en mi tiempo, incluso con dolor.
Desde entonces... o desde que me eligió por alguna razón, ella ha cumplido con lo sustancial. Primero fue razón para que mi corazón encontrara amores. Amores frescos, jóvenes, llenos de música y de besos. Luego, casi de inmediato en momentos duros, fue sustento. Con estuche abierto en las veredas, o frente a un atríl, o enseñando lo poco que he conocido de lo mucho que es. Desde que estuvo en mis manos, nunca me faltó el pan, ni la ropa, ni la dignindad. Arte de artes, el de cambiar arte por sustento.
Y luego me alimentó otras hambres, hambres profundas, voraces. Hambres del alma.
Que tantos bucan alimentar... que tantos encuentran y tantos otros no.
Y fue también, aunque tomara conciencia mucho tiempo después... fue consuelo. En los aprietes de la vida, fue refugio. Fue evasión... de la necesaria, de la verdadera. No de la que invita a escaparse por cobardía sino de la que invita por tregua.
Hoy luego de casi diez años, me acompaña paciente, infinítamente comprensiva. Mérito no menor el de conocer un corazón que ni el portador conoce, en un equilibrio supra-humano que es sólo patrimonio inalcanzable de la armonía.
Mi tributo éste, a esta amiga fiel, Mi VIOLA

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