miércoles, 30 de junio de 2010

Gotas de Agua


Es esta la historia de dos gotas de agua que vivas y aventureras recorrieron juntas el mundo desde el cielo hasta la tierra y vivieron el amor grande del milagro de la vida.
Juntas bajaron desde las nubes y corrieron montañas. Recorrieron arroyos agua arriba y se durmieron en las ramas heladas de los pinos en los bosques nórdicos. Bajaron por los senderos del viento hasta los mantos verdes de la selva virgen y al llegar al fin de los terrenos soñaron con tocar el sol como lo hacía el horizonte. Supieron aprender amándose hasta reconocerse como partes de una misma cosa y ambas juntas a su vez, como parte de algo mayor.
Una vez, como pasa con todo lo que existe, una de las dos gotas volvió al mar. Y se fundió con el resto de las aguas convirtiéndose en una sola magna y vasta.
No tardó mucho tiempo más en que la otra, habiendo tenido una vida digna, volviera también a la fuente de donde nacen y mueren todas las aguas y que siendo justamente la fusión de todas es a su vez una sola y es conocida como el gran océano.
Inmersas en las profundidades del océano, las dos gotas de agua viajaron y recorrieron el inmenso buscándose. Y fueron lagunas, y fueron ríos y también nubes y volvieron varias veces al mar. Entonces expandiéndose por todo el manto las dos gotas de agua se encontraron siendo uno sólo, el mismo océano que tocaba todos los lugares a la vez, que bañaba todas las costas y que unía todos los ríos y comprendieron lo que era incomprensible para dos simples gotas: comprendieron la magnitud del TODO.
Entonces, como pasa con todo lo que existe, el ciclo comenzó otra vez...
Y nacieron de nuevo dos gotas formadas de aguas de una, aguas de la otra y otras aguas del resto de las aguas del océano. Entonces se conocieron otra vez y reconocieron el mar en cada una de las dos y ambas intuyeron que eran parte de lo mismo.
Será por eso que los seres somos tan parecidos… porque tal vez mi alma es parte del alma que fuiste. Y tu alma es parte de lo que fui y de lo que hemos sido siempre.

Namasté (saludo Hindú) Significa ‘yo saludo a la luz de Dios que está en ti. De hecho, significa que la luz de Dios en mí saluda a la luz de Dios en ti. Pero tú sabes que no hay ninguna diferencia entre la luz de Dios que está en mí y a la luz de Dios que está en ti. Y ya que los saludos sólo se realizan entre dos entidades separadas, para nosotros sería mejor no hablar en absoluto de saludos, sino decir que la luz de Dios en nosotros celebra su presencia eternamente en nuestros corazones.
Fady Bahig

El Reloj de Arena


Todo ser humano, nace en una fecha que es recordada y celebrada año tras año como aniversario del nacimiento. Hay otra fecha oculta, que también vivimos año tras año, pero por ignorancia, la vivimos como si fuera cualquier otro día. El otro cumpleaños, el contracumpleaños.
El día del mes en el que cada uno va a morir, la fecha que año tras año todos los hombres vivimos completamente absortos. Curioso capricho de la naturaleza del tiempo, ya que seguramente cambiaríamos mucho la forma de ver la vida si festejáramos cuantos quedan, en vez de cuantos van. Esta es la breve historia de un hombre que pudo cambiar la manera en la que medía su tiempo en la tierra, aunque fuera por un día.
Esta era la víspera del último contracumpleaños de nuestro hombre. Pero como todo ser humano, lo ignoraba por completo. Había pasado por el 27 de Noviembre cincuenta y seis veces, ésta era la última. A las 02.34 de la madrugada dejaba este mundo.
El último día de su vida lo había comenzado con un problema en una oficina pública. Fue a pagar unas cuentas, el funcionario de mala gana lo atendió pésimo, le cobró de más, un lío. Había vivido toda su vida en la lucha. Lucha diaria y anual. Lucha de décadas. Todo lo había conseguido con esfuerzo y sacrificio, pero por la misma extraña razón que la mayoría de los hombres, nunca había gozado el remanso de la conquista, de la contemplación de lo conseguido.
Luego de arreglar sus trámites este hombre se fue a tomar el tren para poder llegar a su casa como lo hacía siempre. Estaba cansado y de mal humor, notaba que a medida que pasaban los años, aguantaba menos las impertinencias del día a día. Entró en la terminal de trenes y encontró un alboroto. Estaban los empleados de una empresa de transporte haciendo un reclamo con pancartas, todo era un caos.
¿Los trenes están saliendo? , preguntó a un hombre que tenía cerca sin obtener respuesta.
En medio de todo el ruido, un viejo se le acercó con un reloj de arena en la mano ofreciéndoselo por encima de la gente. El hombre lo agarró sin saber bien porque, un artefacto tan extraño de ver. El viejo le gritaba al lado y él no sabía ni de que trataba. ¿Qué quiere? Tómelo, tómelo a ver si no tengo razón! Le decía el viejo loco. El hombre se cubría mientras miraba por entre la gente. El viejo le seguía gritando. ¿qué quiere viejo? ¿plata? Sacó de su billetera un manojo de dinero, y se lo extendió. El viejo agarró el dinero y acercándosele al rostro le dijo: ¡El problema es que nos engañaron! El hombre no entendía nada, intentaba alejarlo con las manos.
¡Nos engañaron con esos relojes redondos de agujas que dan vueltas y corren siempre el mismo camino y repiten los números como si todo fuera redondo en vez de recto! dijo. ¡El tiempo tiene ciclos pero no da vueltas, no vuelve a empezar nunca! El hombre lo escuchaba sin saber bien como le había logrado captar la atención. ¡La única forma de entender el tiempo debió haber sido siempre la del reloj de arena! Dijo el viejo con los ojos como estrellas. Es tan lógico ¿no lo ve acaso? Uno puede ver todo el tiempo, el pasado y el que queda por pasar. Y cuando cae el último grano de arena, se nos acabó el tiempo! Dijo el viejo. Se nos acabó el tiempo! ¿Me entiende, me entiende?! El viejo se fue con el dinero y a nuestro hombre se le enmudeció el ruido del mundo de alrededor. Hay palabras que quedan en la cabeza y no se olvidan jamás, pero hay otras que penetran directo hasta el alma, esas no sólo no se olvidan sino que además tienen la cualidad de transformar las personas en otra cosa, en algo nuevo. Esas palabras, acababa de recibir aquel hombre de la boca de un vagabundo y en sus manos le había quedado como suvenir un antiguo reloj de arena. Vio alejarse al viejo hasta que se perdió entre la muchedumbre.
Esperó el tren tranquilo... en silencio. Observó como se movía todo a su alrededor. La gente que reclamaba, los niños que miraban a sus padres sin entender, los perros con los collares, las bocanadas de luz que entraban a mares por los ventanales, los ojos de las ancianas y de los vendedores en los kioskos... entonces por un momento volvió la vista al reloj y vió caer grano a grano la arena por la ranura. Estaba en el presente. Cada instante que vivía caía un grano de arena por la ranura del reloj. El tiempo corría mientras este hombre hacía una pausa. Se detenía para contemplar instante a instante por primera vez en su vida el mágico y único AHORA.
Llegó a su casa luego de un viaje en tren que le pareció mas corto que lo normal. Caminó meditabundo con los ojos clavados en todo lo que pudo ver a su paso.
En la mano traía el reloj de arena.
Abrió la puerta de su casa y miró a su mujer a los ojos... la besó profundamente.
¿Qué pasa? preguntó ella... Pasa que te tengo y tu me tienes. Mi tiempo es tu tiempo, dijo aquel hombre.
El hombre murió a las 2.34 de la mañana, su quincuajésimo séptimo 27 de Noviembre.
Su corazón se detuvo en el momento en el que pasó el último grano de arena por la ranura del reloj.
Vivió el último instante con una sonrisa en el rostro. Estaba dormido.

lunes, 28 de junio de 2010

Historias de Cuatro Cuerdas II



Tributo a mi amiga fiel...

Contaba 16 años cuando el destino me la puso en las manos. La situación y el momento exactos, es algo que prefiero guardarme para mí.
Hasta antes de ese tiempo no tenía idea de que existía, ignoraba lo que era. Conocía otros intrumentos, como el violín o el violoncello, incluso el Contrabajo. Pero no la conocía a ella. Por ese entonces, en mi ranking personal de posibles vocaciones, la de "Violista" estaba más o menos entre Astronauta y Sacerdote. No sólo no me interesaba para nada sino que no me hubiese imaginado nunca recorriéndola con mis dedos. En el momento que la conocí mi vida tuvo un cambio brusco, radical. Su aparición marcó un punto angular en mi tiempo, incluso con dolor.
Desde entonces... o desde que me eligió por alguna razón, ella ha cumplido con lo sustancial. Primero fue razón para que mi corazón encontrara amores. Amores frescos, jóvenes, llenos de música y de besos. Luego, casi de inmediato en momentos duros, fue sustento. Con estuche abierto en las veredas, o frente a un atríl, o enseñando lo poco que he conocido de lo mucho que es. Desde que estuvo en mis manos, nunca me faltó el pan, ni la ropa, ni la dignindad. Arte de artes, el de cambiar arte por sustento.
Y luego me alimentó otras hambres, hambres profundas, voraces. Hambres del alma.
Que tantos bucan alimentar... que tantos encuentran y tantos otros no.
Y fue también, aunque tomara conciencia mucho tiempo después... fue consuelo. En los aprietes de la vida, fue refugio. Fue evasión... de la necesaria, de la verdadera. No de la que invita a escaparse por cobardía sino de la que invita por tregua.
Hoy luego de casi diez años, me acompaña paciente, infinítamente comprensiva. Mérito no menor el de conocer un corazón que ni el portador conoce, en un equilibrio supra-humano que es sólo patrimonio inalcanzable de la armonía.
Mi tributo éste, a esta amiga fiel, Mi VIOLA