(Idea de un cuento que alguna vez oí, no recuerdo donde ni cuando)Cuentan que una vez en algún lugar, hubo un mago que practicaba sin descansar, un único acto de magia: hacer aparecer una paloma blanca de su galera mágica.
Pero dicen que éste mago, siendo objeto de burlas de todos los demás, pronunciaba las palabras mágicas esperando como niño inocente, que la paloma apareciera de la nada. Y la paloma no aparecía, porque en verdad los magos no hacen aparecer nada. Todo está oculto y preparado especialmente para los actos. Por eso le llaman trucos de magia.
El resto de los magos hacían trucos deslumbrantes, aparecían y desaparecían objetos de distintos tamaños. Unos un baúl, otros relojes, otros inclusive hacían aparecer y desaparecer hermosas mujeres, también animales de todo tipo como ardillas, perros, una cabra, hasta un tigre que aparecía desde abajo de una alfombra de piel de tigre.
El truco de la paloma blanca era de los más trillados. Ya no generaba sorpresa en el público, los trucos viejos les aburrían.
Algunos magos iniciaban su espectáculo haciendo aparecer unas cuantas palomas blancas pero ya no era nada que generara asombro. Por esta razón más aún se burlaban de aquél mago que parecía tonto repitiendo una y otra vez las palabras vacías que no generaban nada que el truco no contemplara.
Más allá de la ignorancia que aquel mago ingenuo tenía de la existencia de los trucos, nunca había dejado de intentarlo. Siempre con la misma ilusión, con la esperanza intacta, pronunciaba las palabras mágicas... y esperaba... esperaba la magia.
En aquel concurso iban pasando los magos y demostraban sus virtudes de prestidigitación y sus maravillosos y creativos trucos de magia ante un público cada vez más exigente puesto que con cada mago que subía al escenario, se agotaban las posibilidades de generar lo que todos los magos pretenden generar... el asombro del público que ante la ignorancia del truco sueña que la magia existe.
Llegó el turno de aquél mago honesto y subió tímidamente al podio. Detrás de las cortinas del escenario, se agruparon los otros magos entre risas para ver de primera mano el bochorno de aquél tonto que había subido al escenario sin que el truco hubiese funcionado una sola vez.
Colocó la galera tímidamente sobre una mesita. Tomó su varita mágica del bolsillo, miró dentro de su galera vacía mientras el público atendía en tenso silencio...
Abracadabra! dijo el mago... y la paloma salió de la galera agitando sus blancas alas, ascendiendo hasta desaparecer entre las luces del techo.
No hubo más que el aplauso solitario de algún niño.
Ese truco era cosa vieja.
No hay comentarios:
Publicar un comentario