jueves, 21 de octubre de 2010

Tocayo


Tú que te llamas como me llamo y te apellidas como me apellido ¿cómo has hecho, dime, para sobrevivir la vida siendo llamado como a mí me llaman? ¿Cómo sientes cuando pronuncian tu nombre? ¿Sientes que es a ti a quien llaman y no a otro? O sientes que nadie te llama a ti en realidad, porque nadie sabe llamarte cómo en verdad te llamas?
¿Cómo has hecho para encajar en este mundo tan forastero si este mundo te reconoce como a mí me ha reconocido?... como ajeno al propio mundo.
Ahora bien, si acaso has encontrado tu lugar, entonces comprendo porque yo no lo he hecho tocayo...
Es que aquí no debe haber lugar para dos llamados con el mismo nombre.

lunes, 18 de octubre de 2010

Memorias del Águila Mora


Diario del Águila,
Cuarto Creciente,
Séptimo pico, novena montaña.
(Fragmento)
Sopla muy violento el viento helado sobre mis alas. Van catorce lunas desde que salí de los cerros de los Halcones. He comprendido parte del camino que debo recorrer durante mi existencia: Las águilas vamos a cambiar el destino del mundo.
El tiempo pasa voraz, ya he perdido demasiado. Me he lanzado a la búsqueda sin tregua habiéndolo sacrificado todo y a conciencia del sacrificio por venir. Pero aún así, el abismo parece infinito y la idea inicial se vuelve ínfima ante las verdaderas dimensiones de este mundo de titanes.
Llevo cuatro noches volando sin parar y no he visto aún vivientes. He visto cosas maravillosas en este camino, cosas que ningún ave del palomar siquiera podrá imaginarse jamás. Recuerdo, por ejemplo, el poniente entre los picos tiñendo todo de mil flores rosas y violetas... pero el frío en las montañas es por momentos insoportable, como la soledad. Es entonces cuando mis pensamientos regresan al palomar y recuerdo aquella paloma blanca, tan pura, tan distinta a las demás... Me pregunto si en verdad mi destino hubiese sido posible. Tantas veces dudo (...)
Veo un aletear a lo lejos, muy a lo lejos entre las nubes y la nieve. Mi visión de águila se ha agudizado. Puedo ver en la oscuridad y a la distancia con mayor precisión. Las montañas han cambiado mi plumaje, me he endurecido... pero el alma sigue tan tierna, tan vulnerable como cuando pichón.
Indudablemente es un ser vivo. Estoy buscando un maestro. Lo conocen como el Hombre-Cóndor. Me dijeron que él tiene lo que busco en este momento. Respuestas para seguir adelante. Y Fuerza para no caer... porque volver atrás, hace tiempo ya, descubrí que es imposible.
Me hecho a mi suerte una vez más.
Que el cielo me acune en cada vuelo...

lunes, 27 de septiembre de 2010

Un día, los dioses


Un día, los dioses se levantarán de su siesta eterna y mirando hacia abajo, se preguntarán: "Quién es ese mortal que todo resiste" y sonriendo de dignidad gritará su nombre para que sepan quién es y pregonen por los cielos de la eternidad: "Ahí va el hombre al que no vence la vida".
Y entonces lo envidiarán los dioses, porque ellos no conocerán nunca la PAZ después del tumulto y la LIBERTAD después del miedo.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Anécdotas del Globo II - Números


Vivimos entre números gigantescos. Hubiese sido un caos si en vez de números arábigos todavía usaramos los romanos. Estamos acostumbrados a escuchar mil millones de dólares, 2 millones de píxeles, un billón de bytes. Pero visualizar las cantidades es casi imposible. Nos cuesta, por ejemplo imaginar multitudes.
Podemos imaginar una cantidad de mil personas. Es la cantidad que se encuentra en un banco grande, un día de pago. Ya imaginar mil personas es difícil, pero podemos hacerlo si lo comparamos en nuestra memoria con una situación en la que hayamos visto este número aproximado de individuos aglomerados. Diez veces esta cantidad (diez bancos grandes) es la cantidad de diez mil personas. Si pudiéramos imaginar, por ejemplo poder encontrar cien veces éstas diez veces anteriores. Tendríamos un millón de personas aglomeradas en diez mil bancos grandes en un día de mucho trabajo. Ya los límites de la imaginación crujen. Pero tendríamos que pensar en operar esta cuenta (con mucho esfuerzo) unas diez veces más, vale decir encontrar diez mil bancos grandes en un día de pago una vez, dos veces, tres veces, cuatro, cinco veces, seis, siete, ocho, nueve veces. Sumado a los diez mil bancos iniciales. Así tendríamos la cantidad de diez millones de personas.
Empecemos desde cero otra vez... y juntemos las multitudes. Una vez que nuestro cerebro llegue a imaginar esta cantidad, sumémosla a aquellos otros diez millones. Así tendríamos una vaga idea de lo que son veinte millones de seres humanos. Son los que se mueren de hambre en Pakistán.
Una cámara réflex de última generación, tiene diez y ocho mega píxeles. En Pakistán no comen veinte mega personas. Un apartamento en Manhattan cuesta la misma cantidad en billetes de un dólar que la gente que muere de hambre en Pakistán. Todos los habitantes de Uruguay tendrían que juntarse en un campo juntos y sacarse una foto durante una semana en distintas partes del campo para mediante foto-montaje, superponer las 7 veces que se juntaron 3 millones de personas y tener una foto de la cantidad de humanos que mueren de hambre en Pakistán.
Que cosa los numeritos... los diarios confunden a la gente porque al lado de la cifra de 20.000.000 de personas (de gente, de individuos, de seres humanos, de hombres, de mujeres, de niños, de ancianos de zurdos, de derechos, de bajos, de altos, de negros, de balncos, de filósofos, de albañiles, de amas de casa, de carpinteros, de choferes, de ladrones, de policías, de sacerdotes, de creyentes, de ateos, de honrados, de deshonestos, de buenos, de malos, de humanos) al lado, ponen otra cifra estúpida con la misma cantidad de ceros pero sin que cada unidad de las que compone esa cifra, tenga un alma.

miércoles, 30 de junio de 2010

Gotas de Agua


Es esta la historia de dos gotas de agua que vivas y aventureras recorrieron juntas el mundo desde el cielo hasta la tierra y vivieron el amor grande del milagro de la vida.
Juntas bajaron desde las nubes y corrieron montañas. Recorrieron arroyos agua arriba y se durmieron en las ramas heladas de los pinos en los bosques nórdicos. Bajaron por los senderos del viento hasta los mantos verdes de la selva virgen y al llegar al fin de los terrenos soñaron con tocar el sol como lo hacía el horizonte. Supieron aprender amándose hasta reconocerse como partes de una misma cosa y ambas juntas a su vez, como parte de algo mayor.
Una vez, como pasa con todo lo que existe, una de las dos gotas volvió al mar. Y se fundió con el resto de las aguas convirtiéndose en una sola magna y vasta.
No tardó mucho tiempo más en que la otra, habiendo tenido una vida digna, volviera también a la fuente de donde nacen y mueren todas las aguas y que siendo justamente la fusión de todas es a su vez una sola y es conocida como el gran océano.
Inmersas en las profundidades del océano, las dos gotas de agua viajaron y recorrieron el inmenso buscándose. Y fueron lagunas, y fueron ríos y también nubes y volvieron varias veces al mar. Entonces expandiéndose por todo el manto las dos gotas de agua se encontraron siendo uno sólo, el mismo océano que tocaba todos los lugares a la vez, que bañaba todas las costas y que unía todos los ríos y comprendieron lo que era incomprensible para dos simples gotas: comprendieron la magnitud del TODO.
Entonces, como pasa con todo lo que existe, el ciclo comenzó otra vez...
Y nacieron de nuevo dos gotas formadas de aguas de una, aguas de la otra y otras aguas del resto de las aguas del océano. Entonces se conocieron otra vez y reconocieron el mar en cada una de las dos y ambas intuyeron que eran parte de lo mismo.
Será por eso que los seres somos tan parecidos… porque tal vez mi alma es parte del alma que fuiste. Y tu alma es parte de lo que fui y de lo que hemos sido siempre.

Namasté (saludo Hindú) Significa ‘yo saludo a la luz de Dios que está en ti. De hecho, significa que la luz de Dios en mí saluda a la luz de Dios en ti. Pero tú sabes que no hay ninguna diferencia entre la luz de Dios que está en mí y a la luz de Dios que está en ti. Y ya que los saludos sólo se realizan entre dos entidades separadas, para nosotros sería mejor no hablar en absoluto de saludos, sino decir que la luz de Dios en nosotros celebra su presencia eternamente en nuestros corazones.
Fady Bahig

El Reloj de Arena


Todo ser humano, nace en una fecha que es recordada y celebrada año tras año como aniversario del nacimiento. Hay otra fecha oculta, que también vivimos año tras año, pero por ignorancia, la vivimos como si fuera cualquier otro día. El otro cumpleaños, el contracumpleaños.
El día del mes en el que cada uno va a morir, la fecha que año tras año todos los hombres vivimos completamente absortos. Curioso capricho de la naturaleza del tiempo, ya que seguramente cambiaríamos mucho la forma de ver la vida si festejáramos cuantos quedan, en vez de cuantos van. Esta es la breve historia de un hombre que pudo cambiar la manera en la que medía su tiempo en la tierra, aunque fuera por un día.
Esta era la víspera del último contracumpleaños de nuestro hombre. Pero como todo ser humano, lo ignoraba por completo. Había pasado por el 27 de Noviembre cincuenta y seis veces, ésta era la última. A las 02.34 de la madrugada dejaba este mundo.
El último día de su vida lo había comenzado con un problema en una oficina pública. Fue a pagar unas cuentas, el funcionario de mala gana lo atendió pésimo, le cobró de más, un lío. Había vivido toda su vida en la lucha. Lucha diaria y anual. Lucha de décadas. Todo lo había conseguido con esfuerzo y sacrificio, pero por la misma extraña razón que la mayoría de los hombres, nunca había gozado el remanso de la conquista, de la contemplación de lo conseguido.
Luego de arreglar sus trámites este hombre se fue a tomar el tren para poder llegar a su casa como lo hacía siempre. Estaba cansado y de mal humor, notaba que a medida que pasaban los años, aguantaba menos las impertinencias del día a día. Entró en la terminal de trenes y encontró un alboroto. Estaban los empleados de una empresa de transporte haciendo un reclamo con pancartas, todo era un caos.
¿Los trenes están saliendo? , preguntó a un hombre que tenía cerca sin obtener respuesta.
En medio de todo el ruido, un viejo se le acercó con un reloj de arena en la mano ofreciéndoselo por encima de la gente. El hombre lo agarró sin saber bien porque, un artefacto tan extraño de ver. El viejo le gritaba al lado y él no sabía ni de que trataba. ¿Qué quiere? Tómelo, tómelo a ver si no tengo razón! Le decía el viejo loco. El hombre se cubría mientras miraba por entre la gente. El viejo le seguía gritando. ¿qué quiere viejo? ¿plata? Sacó de su billetera un manojo de dinero, y se lo extendió. El viejo agarró el dinero y acercándosele al rostro le dijo: ¡El problema es que nos engañaron! El hombre no entendía nada, intentaba alejarlo con las manos.
¡Nos engañaron con esos relojes redondos de agujas que dan vueltas y corren siempre el mismo camino y repiten los números como si todo fuera redondo en vez de recto! dijo. ¡El tiempo tiene ciclos pero no da vueltas, no vuelve a empezar nunca! El hombre lo escuchaba sin saber bien como le había logrado captar la atención. ¡La única forma de entender el tiempo debió haber sido siempre la del reloj de arena! Dijo el viejo con los ojos como estrellas. Es tan lógico ¿no lo ve acaso? Uno puede ver todo el tiempo, el pasado y el que queda por pasar. Y cuando cae el último grano de arena, se nos acabó el tiempo! Dijo el viejo. Se nos acabó el tiempo! ¿Me entiende, me entiende?! El viejo se fue con el dinero y a nuestro hombre se le enmudeció el ruido del mundo de alrededor. Hay palabras que quedan en la cabeza y no se olvidan jamás, pero hay otras que penetran directo hasta el alma, esas no sólo no se olvidan sino que además tienen la cualidad de transformar las personas en otra cosa, en algo nuevo. Esas palabras, acababa de recibir aquel hombre de la boca de un vagabundo y en sus manos le había quedado como suvenir un antiguo reloj de arena. Vio alejarse al viejo hasta que se perdió entre la muchedumbre.
Esperó el tren tranquilo... en silencio. Observó como se movía todo a su alrededor. La gente que reclamaba, los niños que miraban a sus padres sin entender, los perros con los collares, las bocanadas de luz que entraban a mares por los ventanales, los ojos de las ancianas y de los vendedores en los kioskos... entonces por un momento volvió la vista al reloj y vió caer grano a grano la arena por la ranura. Estaba en el presente. Cada instante que vivía caía un grano de arena por la ranura del reloj. El tiempo corría mientras este hombre hacía una pausa. Se detenía para contemplar instante a instante por primera vez en su vida el mágico y único AHORA.
Llegó a su casa luego de un viaje en tren que le pareció mas corto que lo normal. Caminó meditabundo con los ojos clavados en todo lo que pudo ver a su paso.
En la mano traía el reloj de arena.
Abrió la puerta de su casa y miró a su mujer a los ojos... la besó profundamente.
¿Qué pasa? preguntó ella... Pasa que te tengo y tu me tienes. Mi tiempo es tu tiempo, dijo aquel hombre.
El hombre murió a las 2.34 de la mañana, su quincuajésimo séptimo 27 de Noviembre.
Su corazón se detuvo en el momento en el que pasó el último grano de arena por la ranura del reloj.
Vivió el último instante con una sonrisa en el rostro. Estaba dormido.

lunes, 28 de junio de 2010

Historias de Cuatro Cuerdas II



Tributo a mi amiga fiel...

Contaba 16 años cuando el destino me la puso en las manos. La situación y el momento exactos, es algo que prefiero guardarme para mí.
Hasta antes de ese tiempo no tenía idea de que existía, ignoraba lo que era. Conocía otros intrumentos, como el violín o el violoncello, incluso el Contrabajo. Pero no la conocía a ella. Por ese entonces, en mi ranking personal de posibles vocaciones, la de "Violista" estaba más o menos entre Astronauta y Sacerdote. No sólo no me interesaba para nada sino que no me hubiese imaginado nunca recorriéndola con mis dedos. En el momento que la conocí mi vida tuvo un cambio brusco, radical. Su aparición marcó un punto angular en mi tiempo, incluso con dolor.
Desde entonces... o desde que me eligió por alguna razón, ella ha cumplido con lo sustancial. Primero fue razón para que mi corazón encontrara amores. Amores frescos, jóvenes, llenos de música y de besos. Luego, casi de inmediato en momentos duros, fue sustento. Con estuche abierto en las veredas, o frente a un atríl, o enseñando lo poco que he conocido de lo mucho que es. Desde que estuvo en mis manos, nunca me faltó el pan, ni la ropa, ni la dignindad. Arte de artes, el de cambiar arte por sustento.
Y luego me alimentó otras hambres, hambres profundas, voraces. Hambres del alma.
Que tantos bucan alimentar... que tantos encuentran y tantos otros no.
Y fue también, aunque tomara conciencia mucho tiempo después... fue consuelo. En los aprietes de la vida, fue refugio. Fue evasión... de la necesaria, de la verdadera. No de la que invita a escaparse por cobardía sino de la que invita por tregua.
Hoy luego de casi diez años, me acompaña paciente, infinítamente comprensiva. Mérito no menor el de conocer un corazón que ni el portador conoce, en un equilibrio supra-humano que es sólo patrimonio inalcanzable de la armonía.
Mi tributo éste, a esta amiga fiel, Mi VIOLA

martes, 18 de mayo de 2010

Historias de Cuatro Cuerdas I


"Había una vez un niño felíz, al que habían obligado a tocar el violín.
A él no le interesaba, no lo quería, pero lo aceptó. Era un buen hijo.
Un día se animó a decir que no le gustaba y tuvo la suerte de que sus padres lo escucharan. Y decidieron vender el instrumento.
Tiempo después, continuaba siendo un niño felíz.
Sin violín.
Me contaron que había una niña cuyo mayor deseo era, un día, llegar a tener un violín en sus manos. Nadie sabía bien porqué. Ella tampoco.
Soñaba con su brillo, con su sonido incomprensible. Con su olor.
Un buen día, cayó en sus manos un violín, e inmediatamente comenzó a tocar.
¡Podía!
Consiguió que le enserñaran y tocó siempre, muy feliz.
Mucho tiempo después seguía siendo una mujer feliz.
Con violín.
En cambio conocí a dos hermanos. Eran muy parecidos, casi de la misma edad.
Venían de una familia razonablemente musical.
Uno no sabía si le importaba o no la música. El otro tampoco.
A los dos les fue dada una enseñanza musical que, casualmente, recayó en el violín. Uno disfrutó. Y nunca se preguntó porqué. El otro sufrió. Y tampoco se lo interrogó.

Nadie entendía bien las diferencias. Los test habituales, decían que ambos tenían sentido del ritmo, un oído mejor que el promedio, y dos manos normalmente hábiles. Y los dos, finalmente, se dedicaron a la música.
Hoy son dos hombres muy distintos.
Uno continúa siendo felíz.
El otro continúa siendo infeliz.
Con violín." --

Extraído del libro "El otro violín" -
Método de enseñanza del
Violinista uruguayo Mtro. JORGE RISI.

lunes, 26 de abril de 2010

"Siendo"


¿Y donde cuadramos los hombres en este Abismo, en esta danza de esferas, protones y estrellas, flotando y rotando a lo largo del tiempo, que es eterno para los que lo cuentan de a días como los nuestros?
¿Donde cabe nuestra existencia entera?, siendo partículas de vida en un mar de polvo y de fuegos... Talvez en una gota de rocío o en un susurro discreto, en un pétalo de flor, en una carica, en un beso...
Los nacimientos, las muertes, los lamentos, el hambre, el esfuerzo, las pasiones, los encuentros. El trueno, la lluvia, el calor del fuego...
¿Dónde cabe nuestro ínfimo mundo en este tiempo sin tiempo, en este espacio tan magno, tan vasto, tan inmenso?
Es tan osada la aventura de habernos propuesto poder entenderlo todo, siendo poquito mas que nada en las partes del Universo...
Y si todo está tan lejos o tan cerca de lo cierto, hasta el momento más efímero se vuelve perfecto y no hay nada que por pequeño, exista sin condición de serlo.
Todo ES una sola cosa inmersa en la magnitud del Tiempo. Y lo nuestro es tan sólo un soplo en la eternidad, un momento de silencio.
Tal vez... sólo tal vez, lo único relevante sea seguir existiendo... tal vez cuadremos jústamente en eso, en el mismo "siendo"...

jueves, 15 de abril de 2010

Entonces mi Alma...


Entonces mi alma durmió y soñando que era pájaro voló alto por sobre el mundo y observó desde un tiempo sin tiempo, la vida del hombre que habitaba. Y rió.
Del sabor de la mezcla de lágrimas y carcajadas de la infancia de aquel hombre, rió.
De no distinguir diferencias entre amar y suicidarse y suicidarse queriendo amar y renacer siempre de entre sus cenizas para de nuevo suicidarse, rió.
De las angusitas existenciales por no entender un mundo que no puede ser entendido por un pensamiento, rió.
Del hombre y su corazón de hombre rió, que al final no comprende que el dolor es el tránsito del cambio hacia lo supremo, porque sólo ardiendo, se purifican todas las cosas. Todo lo vió y rió.
Entonces mi alma despertó siendo pájaro que habitaba un hombre.

sábado, 27 de marzo de 2010

Anécdotas del Globo I



Me contaron, como cuenta la gente, de gente que le contaron que ha escuchado, que hubo un hombre que logró ver la cara de quienes gobiernan el mundo. Y dicen que cuentan que eran seres parecidos a los hombres, al menos desde lejos. Cuentan que se veían con miedo porque algo había cambiado. Y que en el lugar donde se escondían, había carteles gigantezcos que decían: WARNING! PEOPLE ARE THINKING FOR THEMSELVES!

martes, 23 de marzo de 2010

Donaciones para África


Mis ojos estaban clavados en el vaivén de los líquidos que llevaba en la bandeja. Sopa, unos refrescos, un trago y dos licuados. Nada sólido. A cada paso se me movía el mundo. Era como querer llevar la bandeja en un barco.
Era la primera vez que hacía de mozo y me tocó un primero de enero. Había gente hasta debajo de las plantas. Exigían que les trajeran su pedido en el momento, estaban en un cinco estrellas y la cena no podía demorar tanto. La noche anterior, el hotel se había caído de gente en la fiesta de fin de año y en la mañana no se habían aparecido más que alguna pareja de viejitos que habían madrugado la primer mañana del año, como hacen las personas de edad, que ven el mundo con otros ojos y para quienes el festejo pasa no más ni menos que por despertar a un nuevo día, y más aún si es el primero de un nuevo año. Pero en la noche se volvió a ver el mismo volumen de gente. Personas de mucho dinero y mayor impaciencia, muchas de las cuales se criaron de acuerdo a los parámetros del viejo régimen en los cuales el servicio era propio del esclavismo, pues es de ahí de donde descendemos los mozos y las mucamas. Estábamos con otro compañero corriendo de acá para allá. Llevando pedidos, improvisando en el oficio. Unos señores se quejaban de que demoraban unos platos que habían ordenado hacía diez minutos. Era una mesa de once, perder una propina así era inaceptable. Nos miramos con mi compañero y fuimos a buscarlos. Fue entonces que de camino a la cocina, vimos una realidad que siempre habíamos conocido, supuesto, pero nunca visto cara a cara. La realidad del mundo la vimos en aquel restaurante aquella noche. Había tachos repletos de comida, esperando camino a la basura. Repletos de verdad. Hasta el tope. Dicen que uno de cada siete hombres, no come. No come uno de cada siete seres humanos en este planeta. ¿Cuantos se podrían haber alimentado esa noche, con la basura de uno de los restaurantes de uno de los hoteles de uno de los países tercermundistas? Aquella noche se tiró un plato cada tres personas. En ese restaurante se hubiese parado el hambre por esa noche. Pero nada podía hacerse más que lo que hicimos. La impotencia es mala compañera, pero es impulso y por lo tanto motor de tantas cosas. Esa noche cuando nos tocó sacar la basura no lo hicimos por atrás sino por adelante, atravesando el restaurante. Fue nuestra última noche en nuestro breve empleo. Pero logramos que ninguna persona se llevara el tenedor a la boca al leer el cartel. Pasamos por enfrente de cada uno y al mirar los tachos la gente se detenía. Dejaba de comer. A mi compañero se le ocurrió y yo lo ejecuté. Escribí un cartel por cada tacho de basura. Los carteles decían: DONACIONES PARA ÁFRICA.

lunes, 18 de enero de 2010

Introducción a un Abismo


Nota publicada en octubre del 2009, en el blog original:

En la edad del plástico, todo encuentra su envase de venta al vacío, los pensamientos y las ideas nacen con fecha de expedición al dorso y los ideales son excusas que los locos inventan para vivir la vida de una forma más complicada que el resto. Todo es muy fácil si se acepta lo que todo el mundo acepta. Las reglas están diseñadas para generar felicidad. El único problema es que todo el mundo las rechaza.

martes, 5 de enero de 2010

La venganza del chimango


Lo primero es empezar como empezamos todos: con la humildad. Quien publica en un blog no sólo lo hace porque no tiene la plata o la fama o la gracia y coincidencia del destino como para editar un libro, sino también, porque carece de la autoridad académica o de la trayectoria reconocida, como para que se invierta dinero en sus ideas, por más elaboradas que éstas sean, es un precio que hay que pagar y es justo. No se gasta pólvora en chimango, porque los chimangos son como los pobres, no valen ni la bala que los atraviesa. En el mundo del comercio, no se gasta dinero en quien no demuestra que lo vale. Al menos no se gasta en quien no garantiza una retribución de más dinero, porque de eso se trata la inversión. Y es bueno que sea así. A mí me encantaría editar un libro. Que invirtieran en mi, en lo que yo pienso y que traten de venderlo. Me encantaría darles pérdida. Darles vuelta la torta. Porque a mi se me antoja opinar que no todo es inversión. Que hay más de una forma de invertir y que todas, probablemente sean igual de importantes. Porque es una inversión escuchar a un amigo. O hacer estupideces es una inversión. Equivocarse es una inversión y darle el micrófono a cualquier hijo de vecino también lo es. Por eso yo publico en un blog. Y lo seguiré haciendo después de que editen mis libros y se fundan conmigo. Porque es una forma democrática de pensar en voz alta. Porque los chimangos encontraron otra forma de estar en el plato muy distinta a la forma en la que están los patos y los pavos. Sin balas de por medio.
Este blog es de un atrevido, a su servicio. Que opina porque tiene cabeza y tiene cabeza por defecto (porque todos nacemos con una pegada al cuello, le demos el uso que le demos). Bienvenidos